[Día: 15 de Julio de 2011. Hora: 11.48. Marina se acaba de despertar pero no puede despegar la cara de la almohada. No puede dejar de pensar en la llamada repentina de Juan a las 8 de la mañana mientras estaba en Irlanda. Pero mucho menos puede dejar de pensar en que no se merece su perdón. Claro está, no se lo merece, pero aún así ella le sigue queriendo. No deja de pensar en ello, le da vueltas y vueltas, y vueltas a la cabeza.. pero la vibración de su móvil la desencaja de sus pensamientos. Un mensaje recibido. Es de Juan. Con el corazón acelerado se sienta en la cama, coge la BB, y abre el mensaje.]
-Merilú-al leer su mote no puede evitar sonreír-perdóname por favor. No puedo vivir sin tí.. siento que se me cae el mundo abajo. De verdad que no sé que se me pasó por la cabeza para engañarte de tal forma pero por favor, si todavía me sigues queriendo igual que yo lo hago, perdóname. Pero si no es así lo asumiré..
[Eso la derrumba totalmente. Rompe a llorar. Un llanto silencioso pero igual de desgarrador. Pasan diez minutos y todavía no ha respondido al mensaje. Ya sabe lo que tiene que contestar. Pero prefiere decirlo en persona así que como respuesta envía:]
+En diez minutos en el banco del parque.
[No duda ni un instante. Se levanta de la cama como movida por un resorte y sin pensarlo demasiado, coge sus vaqueros cortos desgastados, su camiseta de bandera Americana, sus sandalias romanas altas, la ropa interior y corre al baño a ducharse y cambiarse. En tres minutos está duchada y vestida. Nunca había sido tan rápida. Corre a la cocina, bebe un trago de leche a morro del cartón, coge un par de galletas y sale pitando. Antes de salir de casa coge la Black Berry y las llaves. Hora: 11.55 . Tiene cinco minutos para llegar al parque. De sobra. Pero aún así cierra la puerta fuertemente pegando semejante portazo que hasta la vecina de abajo se asusta. Baja las escaleras a todo correr, abre la puerta del portal y.. otro portazo, sin querer. Va corriendo al parque. Todavía quedan tres minutos. Ya sabe que Juan no es puntual, así que, al igual que la primera vez que quedó con él allí, se sienta, saca el móvil y empieza a ver las fotos. Otra vez se acuerda de Sandra. Pero esta vez no puede pensar demasiado en ella porque está demasiado ansiosa por la llegada de Juan. Y esta vez él no consigue sorprenderla porque le ve llegar a lo lejos. Está más guapo que nunca. Lleva un pantalón negro estrecho, la sudadera de "cerveza Duff" que ella le regaló y un par de playeras "Vans" a juego con la sudadera. Cuando llega junto a ella, se le notan unas ojeras enormes y se ve que no tiene muy buena cara. Pareciera que estuviera dispuesto a tirarse al suelo de rodillas pero antes de que dijera nada Marina se levanta y le da un abrazo a lo que él responde con un beso. Ya está. Todo arreglado. Todo perfecto. ¿Todo? No. Aunque Marina le haya perdonado, jamás olvidará lo que le hizo, jamás de los jamases. Como dice el dicho: Forgiven but not forgotten. (Perdonado pero no olvidado).
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